Muchacho, joven, amigo. Venezolano.
Trabajar, lidiar, ocuparse de algo con esfuerzo. Verbo boricua por excelencia.
Tratamiento entre amigos; también insulto leve según tono. Rioplatense.
Sufrir una decepción: esperar algo bueno y encontrarse con lo contrario.
Exasperar a alguien, hacerle perder la paciencia o la compostura.
Estar agotado, física o anímicamente; también, muy abatido o dolido.
Cargar con la culpa de algo que hicieron otros o de lo que son responsables muchos; persona a la que se señala para salvar al resto.
En privado, sin público ni prensa; dicho de reuniones, juicios o partidos que se celebran sin permitir la entrada a nadie ajeno.
Sentirse completamente feliz, en un estado de dicha total.
Temblar mucho de miedo, frío o nervios, como una hoja agitada por el viento.
Tomar precauciones por adelantado para evitar un daño o una crítica antes de que ocurra.
Ponerse muy nervioso o irritado, perder la calma por algo que impacienta o exaspera.
Mostrar desacuerdo o rechazo no con palabras sino marchándose: abandonar un lugar, un partido, una empresa o un país en lugar de protestar.
Juzgar o tratar por igual a personas o cosas distintas, sin distinguir entre ellas, casi siempre de forma injusta.
Marcharse de un cargo o de un sitio de forma discreta y poco honrosa, evitando dar la cara, normalmente tras un escándalo o un fracaso.
Cambiar de forma brusca y decidida el rumbo de algo: una política, una empresa, la propia vida. Imagen náutica: girar el timón de golpe.
Decidir sobre un asunto en el que uno mismo tiene interés, de modo que no puede ser imparcial.
Librarse de un castigo o de una consecuencia que se merecía; salir de un lío sin pagar por ello.
Acabar en nada: un proyecto, una promesa o una amenaza que prometía mucho y no llega a ningún resultado.
Reírse muchísimo, sin poder parar.
Trasladar a otro un problema incómodo o una responsabilidad que nadie quiere asumir, para quitárselo de encima.
Maniobra que se lanza para distraer la atención pública de un asunto incómodo, como el humo que tapa lo que hay detrás.
Conseguir lo que uno quería a pesar de la oposición de los demás, muchas veces con insistencia o mañas.
Sentir una opresión en la garganta por la emoción, la angustia o las ganas de llorar que impide hablar con normalidad.