Faltarle a alguien experiencia o preparación para algo, como la fruta que aún no ha madurado.
Olvidar agravios y reconciliarse, dejando atrás una pelea para restablecer la amistad o el buen trato.
Conseguir que algo, tras dificultades, termine bien y en un resultado seguro.
Empezar a fallar o tambalearse un plan, una relación o un negocio, mostrando que algo no funciona.
Llegar al punto más bajo de una situación desfavorable, a partir del cual ya solo cabe mejorar.
Lograr algo muy difícil o costoso, conseguir un objetivo arduo contra toda expectativa. Alude al enorme esfuerzo de enviar un soldado de los tercios hasta Flandes.
Entrometerse o dar opinión en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido.
Cambiar bruscamente y sin rumbo fijo de opinión, de planes o de conducta, sin estabilidad.
Atreverse a tomar una decisión arriesgada o lanzarse a algo sin garantías. Procede del fútbol, donde es arrojarse al suelo simulando una falta o, por extensión, jugársela.
Tomar una decisión o hacer algo que termina perjudicándote a ti mismo. En el fútbol, el autogol es el gol que un jugador mete por error en su propia portería.
Sacar ventaja a alguien de forma astuta, engañándolo o aprovechándose de su descuido. Viene del fútbol: el momento de marcar el gol es la jugada decisiva sobre el rival.
Terminar una reunión, asunto o discusión de forma caótica, con pelea o gran escándalo. Alude a las procesiones del rosario al amanecer que a veces acababan a golpes.
Embaucar o sacar ventaja a alguien de un modo muy ingenioso, casi sin que se dé cuenta. La escuadra es el ángulo superior de la portería, donde el gol es más difícil y vistoso.
Si uno no pide ni reclama lo que necesita, difícilmente lo obtendrá: a veces hay que insistir o expresar las necesidades para ser atendido. Enseña a no quedarse callado.
Atribuir a alguien una mala fama o una culpa, casi siempre inmerecida, que le queda pegada durante mucho tiempo. El sambenito era la túnica de infamia que imponía la Inquisición.
Asestar un ataque o golpe que perjudica gravemente a alguien o a algo, a menudo de forma decisiva e inesperada, dándolo casi por terminado. Procede de la estocada que mata al toro.
Hacer algo de forma impulsiva, atrevida y sin reflexionar, sin pararse a pensar en las consecuencias buenas ni malas.
Observar un asunto desde fuera, sin implicarse ni arriesgar nada, dejando que otros afronten el problema. La barrera es la valla tras la que el torero se protege del toro.
No se pueden hacer a la vez y bien dos cosas incompatibles, porque cada una exige estar en un sitio distinto. Quien repica las campanas no puede a la vez estar dentro en la misa.
Expresión aragonesa que significa desplazarse a un sitio exclusivamente para una cosa concreta, dejando lo que se estaba haciendo. Equivale a ir expresamente o ir solo para eso.
Asestar el golpe final que remata o arruina del todo algo que ya iba mal. La puntilla es el pequeño cuchillo con que se da fin al toro ya abatido tras la estocada.
Estar una persona o un lugar abandonado, descuidado o en circunstancias muy adversas, como si nadie velara por él. También se dice de quien actúa con torpeza tras torpeza.
Palabra canaria (Canarias) para el embudo, utensilio de cocina con el que se trasvasan líquidos. Es un lusismo heredado del portugués, muy típico del léxico isleño.
Sin plan ni preparación, dejando el resultado al azar o a la suerte. Hacer algo confiando en que salga bien sin organizarlo.