Agotamiento físico, emocional y mental por sobrecarga académica sostenida, con desmotivación, cinismo hacia el estudio y sensación de no rendir. Cada vez más nombrado entre universitarios para validar el cansancio extremo de la época de exámenes.
Con muchísimo gusto y de muy buena voluntad. Indica que se hace algo con entusiasmo y sin que cueste nada, casi con cariño.
Distorsión en la percepción de la propia situación económica: sentirte siempre pobre o 'quebrado' sin importar cuánto tengas realmente, alimentada por la comparación en redes. Se castellaniza como 'dismorfia financiera'.
Abandonar el sacerdocio o la vida religiosa; por extensión, retirarse o jubilarse de una profesión, oficio o cargo. Alude a quitarse el hábito que identifica con el rol que se deja.
Ir vestido con mucha elegancia, muy bien arreglado y acicalado. La amplitud y majestuosidad de un brazo de mar sirve de metáfora del lucimiento del atuendo.
Obsesión por aprovechar cada minuto y sentirse culpable al descansar, llevando el rendimiento al extremo del autocastigo. Circula como crítica a la cultura del hustle estudiantil y se asocia con riesgo de agotamiento.
Darse importancia, presumir o atribuirse méritos con altivez. Alude al moño como tocado que se asociaba a aires de grandeza y soberbia.
De manera perfecta, excelente, sin ningún problema. Se usa para decir que algo salió o funciona estupendamente.
Permitirse una compra pequeña y placentera como recompensa o autocuidado —un café especial, un dulce, un antojo— aun cuando estás cuidando el dinero. La versión latina del 'little treat'.
No parecerse en absoluto; usarse para subrayar lo distintas que son dos cosas o personas que alguien compara.
Resultar muy caro o, según el contexto, costar muchísimo esfuerzo conseguir algo. Es coloquial y algo malsonante.
Poner distancia de personas, situaciones o contenidos que alteran el equilibrio emocional, priorizando la propia tranquilidad por encima de complacer o estar disponible para todo. Forma asertiva de cuidar la salud mental.
Haber agotado por completo la energía para socializar, de modo que estar con gente cansa en lugar de llenar. Trata la energía social como una pila que se descarga y necesita recargarse en soledad.
Quedarse perplejo o paralizado por la sorpresa o la impresión ante algo inesperado, ya sea bueno o malo, como si el frío te dejara sin reacción.
Trabajar (en terapia o por cuenta propia) las heridas emocionales de la infancia, tratándose con la compasión y el cuidado que faltaron de pequeño. Popularizado por el trend del niño interior.
Refrán que recuerda que a todo periodo de agitación o dificultad le sigue otro de tranquilidad; anima a tener esperanza porque los malos momentos son pasajeros.
Hacer un frío extremadamente intenso, tan fuerte que parece que te pela la piel. Muy coloquial para enfatizar el frío.
Se dice de una persona muy atractiva, apetecible físicamente; originalmente describía una comida tan rica que invitaba a mojar pan en la salsa. Tiene tono pícaro y admirativo.
Mantenerse firme en la propia postura u opinión sin ceder, incluso ante presiones o argumentos en contra. Puede ser elogio (perseverancia) o crítica (terquedad).
Soltarle a alguien una descarga intensa de problemas o traumas de golpe, sin preguntar si la otra persona está disponible para escucharlo, dejándola agotada. Se distingue del desahogo sano, que es recíproco y consentido.
Reconocer, nombrar y manejar las propias emociones para recuperar el equilibrio sin que te desborden. Del vocabulario clínico al habla joven: 'regularme', 'estar regulado o desregulado'.
Aislarse voluntariamente de distracciones, redes y vida social durante un tiempo para enfocarse, descansar la mente o hacer una desintoxicación de dopamina.
Hacer muy mal tiempo: lluvia, viento y frío que arruinan la jornada. Por extensión, un día en que todo sale mal.
Atravesar un bajón profundo o un episodio depresivo, sintiéndose en un agujero oscuro del que cuesta salir. Metáfora respetuosa muy común para nombrar la depresión sin tecnicismos.